Dietas “milagro” para antes de verano; el milagro es salir vivo de ellas.

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Llega el calor y un año más proliferan por todas partes las dietas, productos y pautas milagrosas, que nos aseguran unos resultados de adelgazamiento maravillosos en un muy corto período de tiempo.

No solo en revistas del corazón, programas de TV, plataformas webs y cuentas de redes sociales se nos vende esta panacea. También en comercios y clínicas donde, supuestamente, nos atiende personal acreditado. La industria del adelgazamiento milagroso es una maquinaria que genera miles de millones al año. Jamás se detiene, jamás retrocede.

Veamos la siguiente conversación de hace dos días con una seguidora de mi página de Facebook. He copiado y pegado literalmente, parte de esta:

—Hola nico soy cristina !!te quería preguntar si existe algún producto que sea bueno para quemar la grasa abdominal ? Ya que tu eres experto jajaj

—Hola Cristina. ¿Cómo estás? No existe ningún producto ni alimento que ejerza tal efecto. Hay varias formas de conseguirlo. La más inmediata es mediante cirugía estética, te puede costar entre 4.000 y 15.000 euros. Es traumático pero efectivo a nivel estético. Aunque si no se cambian los hábitos, normalmente se recupera todo lo perdido, menos el dinero.

—Jajja ya ves

—La otra forma de conseguirlo, es cambiando la manera de alimentarse y los hábitos de vida en general, pero olvidándote del factor estético.

—Yo llevo una dieta pero hace muy poquito !! Pero veo que la barriga es lo más costoso!!

—Sí, el cuerpo a veces le cuesta eliminar lo que le ha llevado años acumular

—Tengo un plan de ejercicio para empezar mañana y ya hace una semana que estoy haciendo la dieta que me han dado. Me siento mareada y con mucho malestar. Te lo puedo mandar y lo ves?

—Adelante amiga.

Seguidamente me manda la dieta en cuestión que le habían dado en un centro de estética y la lista de productos que le hacían tomarse. Para resumir, se trataba de la clásica y peligrosa pauta-fotocopia que sigue a continuación.

  • Desayuno: un vaso de zumo de limón y un sobre de *kemagrasusnosecuantos
  • Medio día: algo de lechuga con pechuga y otro sobre de *pierdeculusnosequintos
  • Noche: insípido pescado blanco hervido con dos hojas de espinacas y otro sobre de *meacaballusnocturnus

Además a semejante tratamiento se le sumaba la toma de los siguientes productos:

  • *Drenatuchichi 500, adiós piel de naranja
  • *Pelomatojun Plus, vitaminas y minerales
  • *Detoxtubody 3000, summer sensation

*Los nombres de los productos han sido alterados, para reflejar con mayor exactitud la pretendida eficacia que sus vendedores alegan sobre estos.

Seguir una pauta así es un total despropósito y una patada a la salud que puede llegar a acarrear serias consecuencias. Aunque pueda parecer un caso extremo este tipo de abordaje, por desgracia, es bastante habitual. Las dietas milagro siempre están ahí, con sus falsas promesas. Con sus absurdas pautas y rituales, con sus complementos alimenticios adheridos, que; ¡oh maravilla, te los venden ellos mismos!. Cualquiera de estos tratamientos lejos de ayudarnos en algo, lo único que pueden hacer es actuar como un atajo hacia la obesidad y hacia traumas psicológicos y físicos.

Las dietas milagros son dardos envenenados que pueden venir disfrazados de varias maneras; dietas con nombre, libros de famosos doctores, métodos con apellido, reglas que demonizan unos alimentos y exaltan el poder curativo de otros, enfoques que nos instigan a que todo lo que ingiramos sea ultra sano al punto de hacernos sentir culpables si no es así… la lista es interminable. Pero todas insisten en ser el método definitivo y en meter a todos los seres humanos en el mismo saco.

Pero ¿por qué nos cuesta tan poco creernos estos cantos de sirenas?

El divulgador e investigador científico Ben Goldacre, en su riguroso libro “Mala ciencia”, en el capítulo 13 (Por qué gente inteligente cree cosas estúpidas) nos dice:

Como seres humanos, tenemos la habilidad innata de:

  1. Identificar patrones donde solo existe ruido al azar.
  2. Ver relación causal donde no la hay
  3. Sobrevalorar información confirmatoria sobre cualquier hipótesis dada.
  4. Buscar información confirmatoria sobre cualquier hipótesis dada.

Quienes nos venden estas quimeras, saben y conocen muy bien estas vulnerabilidades y las explotan. En este muy recomendable libro, este doctor nos explica por qué somos tan propensos a creer algo que queremos creer. En el caso de las dietas milagro, suele ser básicamente, porque nos prometen auténticas proezas en un corto período de tiempo; pierde 5 kilos en 3 días, detoxifícate, prepárate para verano en 10 días, toma nuestros batidos y cápsulas quemagrasas y en 8 días serás como Cindy Carwford…y otras patrañas muy suculentas y fácilmente vendibles.

La realidad cae implacable.

La víctima compra el método y comienza. Transcurrido un tiempo del inicio de la pauta, la persona nota que se siente cada vez más débil, irritable y cansada, lo malo es que sus sensaciones se verán enmascaradas por lo que la báscula refleja (menos peso por una pérdida de agua y músculo debida a la malnutrición que estos enfoques conllevan) lo que la conduce a pensar que está funcionando, por lo que no hace caso a las señales que su cuerpo le manda y continua. Tarde o temprano la persona se verá obligada a abandonar ya sea por enfermedad física o psicológica.

Al tirar la toalla le siguen la decepción y la culpa. No se identifica como la víctima que es y se siente mal por no haberlo hecho bien. Se ve a si misma como una persona floja, incapaz de lograr nada. También observa que todo el dinero invertido, que en algunos casos llegan a ser miles de euros, puesto que estaba alimentándose exclusivamente de carísimos productos que una compañía sin escrúpulos le vendía, se ha ido a la basura.

El efecto yoyó

Lo que viene después de esto es lo que se conoce como “efecto yoyó” o efecto rebote. Ante un período de carencia tan severo, el organismo se vuelve muy efectivo en ahorrar y aprovechar todas las calorías que entran. Y claro, después de tanto sufrimiento lo que le apetece a la persona es consumir grandes cantidades de comida con una alta densidad energética y poco valor nutricional (fast food, embutidos, bebidas alcohólicas, postres, chocolates, etc), lo que sea con tal de tratar de olvidar y anestesiar el trauma que ha vivido. El cuerpo recupera lo perdido de inmediato con 3 o 4 kilos más de propina y por si fuera poco dando pie a la aparición de uno de los trastornos más comunes y que menos atención se le presta. El trastorno por atracón. Poco después y con unos cuantos kilos más que la vez anterior, alguien le cuenta que le ha venido genial tal o cual dieta que leyó en no sé qué libro. Y allá va nuestro amigo, una vez más, a repetir el ciclo.

Romper con la mentalidad de dieta.

¿Qué puedo hacer si de verdad quiero romper con este ciclo destructivo? No es algo fácil ni rápido lograrlo. Te dejo algunas pistas que podrían ser de ayuda:

  • Hacer las paces con la comida.
  • Olvidarnos de los atajos.
  • Aprender a sentir nuestras señales internas de apetito y saciedad.
  • No dejarnos deslumbrar por sofisticados productos y complementos bien envasados.
  • Respetar siempre las elecciones de los demás y no moralizar con la comida.
  • Dejar de atribuir propiedades milagrosas a ningún nutriente, alimento o producto.
  • Confiar únicamente en personal especializado.

Si de verdad queremos mejorar, debemos desaprender para volver a aprender y olvidar para siempre el concepto ya rancio que se la ha dado a la palabra “dieta”, que lo único que hace es sumirnos en un continuo fracaso.

Cambiar de hábitos no es tarea fácil. Toda una vida con falsas creencias sobre alimentación requiere tiempo y paciencia para desandar lo mal andado. Lo ideal sería buscar ayuda del profesional sanitario amplia y específicamente cualificado para este fin. El Dietista-Nutricionista. Este terapeuta, lejos de enseñarnos a perseguir un patrón estético, nos llevará sin ninguna promesa milagrosa, por el camino de sentar unos hábitos que nos ayuden de por vida, no solo a adelgazar, si no también, a través de la educación nutricional necesaria, a adquirir el criterio para no volver a ser engañados.

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