Ir al nutricionista en busca de un cambio físico: 7 prácticos consejos

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La mejora físico-estética, aunque no debería, suele ser la mayor motivación a la hora de emprender un cambio en nuestros hábitos de alimentación. ¿Está mal? Un poco sí, porque llegamos al punto de pensar que si no alcanzamos cierto aspecto, o si simplemente el cambio no se está dando en la apariencia y a la velocidad que esperábamos, estamos perdiendo nuestro valioso tiempo y nuestra limitada energía. En consecuencia, estaremos obviando todas las cosas buenas que sí experimenta nuestro organismo desde el primer momento que nos alimentamos de manera saludable.

Y tú me dirás, “bueno, pero es que yo necesito verme bien cuanto antes. Si me veo bien,  psicológicamente estoy mejor y ¿acaso no es eso salud también?”. No te lo puedo discutir, es tal cual. La sensación que uno experimenta al verse y sentirse fuerte y en buena forma, creo que no existe nada en esta vida que te lo pueda dar, salvo eso, alcanzar ese punto de fortaleza y esbeltez. No obstante, para que evites caer en la frustración que este deseo legítimo a veces trae, voy a darte algunos consejos que quizás puedan ser de ayuda.

– Recuerda que el nutricionista no es un cirujano plástico ni un entrenador de disciplinas que rinden culto al aspecto físico. Por el contrario, es un sanitario capacitado para ayudarte a alcanzar un mejor estilo de vida, por supuesto que esto incluye el adelgazamiento si fuera necesario. En ocasiones, en consulta, tenemos a personas que estando en muy buenas condiciones físicas y de salud, piensan que deberían tener “menos grasa aquí y más músculo aquí”. Si tus pretensiones son realistas, adelante, pero la ayuda que los DN brindamos siempre irá en sintonía con no dañarte y con sentar unos buenos hábitos. Si lo necesario para que logres ese punto de pretendida perfección, requiere poner en riesgo tu integridad, nos bajamos del carro. Contradice nuestro código deontológico.

– Si estás en proceso de adelgazamiento, ten paciencia. No te pases de impetuoso. Sobre todo si llevas toda una vida descuidándote. Trata de reflexionar sobre el daño que te venías haciendo y el cariño que te estás dando ahora. Reconfórtate en la idea de saber que quieres un cambio real y para siempre, y no te dejes zarandear por impulsos emocionales. No tengas prisa. Las prisas te llevarán a buscar atajos: dietas disparatadas y peligrosas, ejercicio muy vigoroso  demasiado pronto (lesión asegurada), uso inapropiado de suplementos dietéticos, caer en la trampa de usar esteroides anabólicos…

– No te compares. Puedes hacerlo pero únicamente contigo mismo. Como dijo Theodor Roosevelt, “la comparación es el ladrón de la felicidad”

– No te recrees de más en páginas de tipos extremadamente cuadrados o de chicas con curvas imposibles y rasgos de muñeca. Esta gente renuncia a mucho y arriesga al máximo para adquirir este aspecto. En sus páginas dan consejos de cómo hacer tal o cual ejercicio, qué comer o qué crema usar, pero no dicen la verdad sobre cómo llegan a verse así; las horas que le dedican por día, la química que llegan a meterse y, por qué no decirlo, la genética privilegiada que tienen en algunos casos. El estar viéndoles demasiado, solo te causará frustración. Y no, un culo espectacular no se hace dando pataditas con una cuerdecita lastrada en el gym y luego aplicando una crema “reafirmante”. Normalmente, dicho atributo viene de serie y se puede potenciar con trabajo duro, pero, por favor, tengamos un poco de criterio a la hora de dar por válidos ciertos mensajes.

– Haz caso a los piropos de la gente. Me refiero a gente cercana y real. Si te estás esforzando y poco a poco estás logrando resultados, es muy probable que alguien, de buena fe, te diga lo bien que estás. Hasta hace unos años, cuando mi pareja o alguien de mi confianza me hacía un halago sobre mi cuerpo, no me lo creía. Pensaba que lo hacían por hacerme sentir bien. Pues resultaba que no, lo decían de corazón. No seas duro contigo y cuando te den un rico caramelo saboréalo y da las gracias.

– Si fuera el caso, plantéate porqué quieres lucir cual David de Miguel Ángel hormonado, o verte como una Venus de Milo medicada con clembuterol. Por ejemplo, si tu motivación únicamente radica en ser atractivo y ligar más, te puedes estar equivocando. Piénsalo. Si lo que más cultivas es tu apariencia externa tal vez estés dejando de lado otros aspectos fundamentales como tu bagaje cultural, tu ortografía (muy importante), el compartir tiempo en familia, el desarrollo de habilidades sociales, el buscar mejorar en tu trabajo, el ser un amigo fiel y leal y otros tantos asuntos realmente trascendentales. ¿Sabes qué es lo más triste? Que si lo único que cultivas es tu exterior, el tipo de persona a la que vas a atraer, créeme, preferirías perderla de vista. Superficial y hueca, igualita que tú. Realmente, ¿es lo que quieres? No. Pues ya sabes; menos pesitas y más libritos. Qué razón tenía el señor Miyagi cuando decía: “balance for life Daniel San”.

– Por último, si ves que tu deseo por un cambio estético, es cada vez mayor,  pregúntate si estás bien. Muchas veces queremos tapar nuestros problemas de fondo con parches emocionales. En ocasiones el ejercicio y la obsesión con el aspecto vienen de un malestar interno que no estamos abordando adecuadamente. Hay quien siente el impulso de comer y beber hasta reventar, hay quien prefiere alcoholizarse o consumir cualquier otra droga y también está quien se obsesiona con su físico.

Sean cuales sean los motivos que te lleven a querer mejorar tu cuerpo, buscar ayuda especializada siempre será la apuesta más acertada. Seguro que los profesionales apropiados podrán ayudarte a buscar ese punto de equilibrio entre ser realista, adquirir buenos hábitos de vida, no dañar tu cuerpo, disfrutar de la comida y verte y sentirte mejor.

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